Próximos actos

martes 7 de septiembre de 2010

Eucaristía en San Miguel para pedir por la recuperación de nuestro hermano


Queridos hermanos:

Hace unos días, un joven hermano nuestro tuvo un desgraciado accidente por el que estuvo a punto de perder su vida. Mañana miércoles será operado para intentar aliviar la posibilidad de quedar tetrapléjico.

Su familia nos ruega que os pidamos a todos que elevéis a nuestros Santo Crucifijo de la Salud y María Santísima de la Encarnación una oración suplicándoles su ayuda en la operación y recuperación posterior que será dura y larga.

Todos creemos en la fuerza de la oración. Todos sabemos que somos una gran familia en torno a nuestro Santo Crucifijo y su bendita Madre de la Encarnación. Hoy esta familia tiene la obligación de pedir, de rezar con fuerza para que este joven hermano siga con vida y pueda recuperarse, al menos, lo suficiente para poder vivir con dignidad, y para que su familia sienta la fuerza y el cariño de la hermandad a la que pertenecen.

En la Eucaristía de esta noche a las 20,00 en San Miguel, pediremos por él y por su recuperación.

Muchas gracias.

LA JUNTA DE GOBIERNO

martes 31 de agosto de 2010

Santi, dado de alta

Queridos amigos:

Nuestro hermano Manuel Grimaldi, nos ha comunicado que en la mañana de ayer día 30 de agosto, que el pequeño James Henry Krieg (Santi), hospitalizado en el Children hospital de Lousville en Estados Unidos, ha salido de peligro y se encuentra ya restableciéndose junto a sus familiares.

Toda la familia Grimaldi, agradece las oraciones de sus hermanos y amigos y os transmite su eterno agradecimiento.

Un fuerte abrazo a todos,

LA JUNTA DE GOBIERNO

sábado 28 de agosto de 2010

Una oración por Santi



Queridos hermanos y devotos:

Nuestro futuro hermano James Henry Krieg (en la foto que adjuntamos), nieto de nuestro hermano D. Manuel Grimaldi Lara, residente en Estados Unidos, ha sido ingresado en el Hospital de Niños de Lousville, KY, aquejado de una repentina enfermedad, preocupante por la cortísima edad de Santi (así lo llaman sus abuelos), menos de dos meses de edad.

Como la gran familia que componemos todos quienes pertenecemos a esta hermandad, siempre en torno a la devoción y cariño a nuestros benditos Titulares, el Santo Crucifijo de la Salud y María Santísima de la Encarnación, nos atrevemos a pediros que elevéis vuestras oraciones por el pronto restablecimiento de este pequeño y futuro miembro de nuestra Corporación.

Su familia nos lo agradecerá. Ellos, nuestros benditos titulares, nos lo premiarán.

LA JUNTA DE GOBIERNO


P.D. Os recordamos, que podéis enviar vuestras oraciones a nuestra cuenta de correo oraciones.santocrucifijo@jerez.es

viernes 9 de julio de 2010

Anécdotas en Tierra Santa (se acabó)

Jerez de la Frontera, siete de julio de 2010

Seguimos narrando algunas de las anécdotas que vivimos en nuestro viaje a Tierra Santa que concluyó este pasado lunes.

Fumadores.- Por lo visto son una plaga a nivel mundial. Se les niega el pan y la sal. Allá donde vayan no solo no pueden satisfacer sus deseos de encender un pitillo, sino que son mirados con desagrado por un montón de gente.

Consecuencia: la picaresca. Así hemos podido observar a algún peregrino fumarse un cigarro a un montón de metros de profundidad (allí bajamos solo diez o doce) en el aljibe de la piscina probática; escondidos en la parte trasera del bar del Mar Muerto; soportando 40 grados de pleno sol en un rincón lejano de Qum Ram donde no había ni lagartijas; tras unos setos altos en la Iglesia de las Bienaventuranzas; en los servicios del hotel, etc.

Menos mal que en los restaurantes dirigidos por palestinos todo es mucho más relajado y normal y te permitían hasta fumarte un puro sin necesidad de tenerse que salir a la “puñetera calle”.

Diamantes.- Nos ofrecieron en Galilea la posibilidad de visitar una de las tres ¿fábricas? existentes en Israel de tallado de diamantes (los judíos controlan el comercio mundial).

Allá que fueron bastantes de nosotros que volvieron a las dos horas aproximadamente, menos uno, que se quedó allí y que, nos dijeron, traerían más tarde en un coche de la propia empresa. ¿Por qué sería?

El crucificado del Vía – Crucis.- Queríamos traernos un recuerdo que quedara en la hermandad como testimonio de esta primera peregrinación. Decidimos que compraríamos una sencilla cruz que presidiría nuestro Vía – Crucis, cruz (que al final fue un crucificado) que nos adquirió uno de los chóferes de nuestros autobuses.

La idea era que fuera adquirida por la hermandad o sufragada por algunos de nosotros, pero muchos peregrinos nos pidieron colaborar. Así tras la Misa en el Santo Sepulcro el hermano mayor indicó que no diría el coste de la cruz, que cada uno aportara lo que buenamente podía o quería, y que todo lo que sobrara sería entregado al comedor del Salvador.

La generosidad de los peregrinos ha hecho posible que llevemos recogidos, y algunos han dicho que nos entregarán su importe en estos días, más de ochocientos euros, tras pagar la cruz. Precioso, ¿verdad?

Nuevos hermanos.- No todos los que viajamos estamos incluidos en la nómina de la hermandad. A los casi cuarenta hermanos se añadían algunas de sus esposas y esposos, familiares cercanos y algunos amigos.

Pues bien, ya casi al final de la peregrinación, varios de ellos se me acercaron para indicarme que querían pertenecer a nuestra hermandad de pleno derecho, lo que haremos tras la vuelta de las vacaciones.

Qué bonito tomar la decisión de ser miembro de nuestra hermandad en la tierra en la que nació, vivió y murió nuestro Señor.

La única incidencia.- Ocurrió en el Mar Muerto. Mientras algunos disfrutaban del baño que ya he comentado, uno de los peregrinos, vestido pero en la playa, intentó mojarse los pies para comprobar la temperatura del agua, sin apercibirse de que se encontraba en una zona de barro muy resbaladizo.

Batacazo, caída en al agua tan largo era, ropa con varios kilos de sal que hubo que enjuagar allí mismo en las duchas previstas para los bañistas, y los dedos de los pies que terminaron negros como el hollín como consecuencia del golpetazo.

A partir de ahí nadie pudo recibir más mimos. Voltarén en pastillas para la inflamación, otras pastillas para los dolores, masajes con no sé cuantas miles de tipos de cremas, oferta de zapatos anchos, de zapatillas abiertas, de…

Para haberse caído, vamos.

La otitis del peregrino.- Todos habíamos intentado que nada afectara al resto de peregrinos. Los más mayores se esforzaban por ir al ritmo de los demás para no causar retrasos ni molestias. Si a alguien le dolía algo se aguantaba como podía y seguía para adelante.

Una muestra de este esfuerzo y de la capacidad de sacrificio que se ha demostrado en esta peregrinación es que hasta no estar montados en el avión de vuelta no nos enteramos del dolor fortísimo de oído que había sufrido una de nuestras hermanas.

Ocurrió en Tiberias. Sin saber una sola palabra de otro idioma que no fuera el español, se fue sola a una farmacia. La mandaron al médico a cuya consulta acudió y que le recetó alguna medicina para el dolor que consiguió mejorarla en días sucesivos.

Cuando le recriminamos que no nos hubiera dicho nada, nos dijo que había comprobado que el viaje era tan importante para todos que no quería que por su culpa alguien tuviera que fastidiarse quedándose en el hotel acompañándola. ¡Hermoso!

Las discusiones árabes.- Os juro que llegamos a estar preocupados. Cada vez que hacía falta algo y se lo decíamos a alguno de nuestros guías, parecía que terminaba en bronca. Aspavientos, voces altas, unas parrafadas inteligibles y casi a gritos.

¿Qué pasa María, que nos tenéis asustados? Nada, es nuestra forma de hablar. Pues hija nos tenéis el corazón en un puño porque parece que va a iniciarse una guerra.

Comprobamos después que era verdad, que todos hacían lo mismo, que todos parecían que iban a matarse en cualquier momento. Qué barbaridad.

Como asumir el dolor.- Cada uno de nosotros asume sus males y penas de modo distinto. Hay quien se hunde, se deprime, o vive en la permanente tristeza. Hay quién le echa valor. Y hay, incluso, quién se lo toma a broma.

Nuestro hermano Eduardo sufre las consecuencias de un ictus desde hace varios años que le obligan a caminar con un tremendo esfuerzo y le impide el uso normal de uno de sus brazos, pese a ello se ha hecho famoso en este viaje por sus continuas bromas y chistes.

Estábamos almorzando el pasado domingo y los comensales tuvimos la siguiente conversación:

• Eduardo.- ¿A dónde vamos ahora?
• Respuesta.- A la Iglesia de Santa Isabel y la piscina probática.
• Eduardo.- ¿Que … es la piscina probática?
• Respuesta.- El lugar en el que Cristo curó al paralítico.
• Eduardo.- Ahí me tiro yo de cabeza.

Genial.

Otras.- Podría seguir contando historias, desde los nueve euros la hora que costaba internet en el hotel de Jerusalén, hasta el montón de pañuelos que nos hemos traído pasado por la piedra de la unción (la piedra sobre la que descansó el cuerpo de Cristo mientras era amortajado y en la que se realiza la estación número trece del Vía – Crucis, que siempre huele a rosas), pasando por un sinfín de momentos y comentarios, pero creo que ya es suficiente, creo que ya hemos demostrado la grandeza de esta peregrinación que, repito, nos ha marcado y cambiado la vida para siempre.

EPÍLOGO:

Por eso llega el momento final, el de los agradecimientos, el de los recuerdos hacia las personas que han hecho posible algunas de las vivencias más importantes de nuestras vidas:

A nuestros Directores Espirituales.- Ya he comentado como nos los calificaron en términos taurinos, pero hoy, ya en nuestra ciudad, y con algo más de serenidad, tengo que transmitir a todos los lectores de estas líneas que esta peregrinación no hubiera sido igual sin ellos.

Atentos a cualquier problema, pendientes de todo el mundo, cariñosos, participativos, con una enorme capacidad de transmisión de nuestra fe, y sabiendo darnos las dosis justas de ánimo y alegría, nos han regalado unas pláticas y homilías maravillosas, han conseguido que profundicemos en el amor en Cristo y en su Madre, y han hecho posible que volvamos con la seguridad de que nuestra fe no es vana, que tiene sentido, y que merece la pena vivir por ella.

A nuestros Diácono y acólito.- Todas nuestras Misas y actividades religiosas eran concelebradas. Ya hemos contado las homilías y charlas de nuestros primeros espadas, los padres Ramón Mera y Felipe Ortuno, pero sería injusto no recordar que hemos tenido la suerte de contar en la peregrinación con una “cuadrilla” de excepción: el diácono de la Parroquia de Santa María del Mar de Rota: Juan Carlos Fernández que nos hizo vivir cada Evangelio, y el acólito Joaquín Perea, nuestro hermano, Delegado Diocesano de Hermandades de nuestra Diócesis, que no solo atendió el altar en todo momento, sino que tuvo grandes detalles con muchos de nosotros, leyó, cantó y nos dirigió en el Vía – Crucis por el camino del dolor de Cristo.

A Manolo Fernández (Viajes Halcón).- Atento a cualquier problema. Furgón de cola que recogía a retrasados. Capaz de solucionar cualquier cosa. Manolo se extralimitó de sus funciones profesionales y se convirtió en un peregrino más que vivió con nosotros y con intensidad todos y cada uno de los momentos de la peregrinación.

A Suad María Sfeir (María, nuestra guía).- Sus charlas sobre la historia y el arte del lugar que visitábamos en cada momento, terminaban convirtiéndose algunas veces en lecciones de teología. No he visto a nadie poner más corazón en un trabajo.

Con una Fe con mayúsculas, defendiendo a muerte sus creencias (y nunca mejor dicho lo de muerte), pendiente de cada detalle, solícita a cualquier petición o necesidad, fue gran parte del alma de la peregrinación, y, muchas veces la voz de nuestras conciencias.

¡La sargento de hierro! Así la calificaron, en broma, algunos, pero tras la dureza aparente, un corazón como una casa.

A Nadi F. Rabadi (Nadi, nuestro otro guía).- Estudiante en Salamanca, licenciado en estudios de administración, palestino cristiano residente en una de las calles de la Vía Dolorosa de Jerusalén, era el contrapunto de María.

Menos pasional pero con muchísimos conocimientos, menos expresivo pero igual de atento a cualquier problema, a cualquier necesidad, Nadi terminó siendo aclamado y aplaudido por los componentes del autobús número dos.

A los chóferes.- También palestinos cristianos, no sé sus nombres completos y por eso nos los pongo, pero os juro que hicieron auténticas “vilguerías” con los pedazos de autobuses que llevábamos para llegar a tiempo a los sitios previstos. Jamás les faltó una sonrisa en los labios.

A los peregrinos miembros de nuestra junta de gobierno.- Asumieron su responsabilidad en todo momento y no la eludieron jamás. Se esforzaron hasta el infinito. Hicieron lo imposible para que todo fuera bien. Demostraron que eran hermanos del Santo Crucifijo.

A la hermandad.- Nos la llevamos a Tierra Santa en el corazón y la vivimos y disfrutamos como nunca lo hemos hecho. Nuestra forma de ser y de trabajar, nuestros silencios, la unión que pretendemos imponer en todo momento, se hicieron presentes en muchísimos instantes.

Todos nuestros hermanos estuvieron allí. De todos nos acordamos. Por todos pedimos.

A nuestros benditos Titulares.- Ellos lo hicieron posible, por Ellos fuimos, a Ellos nos encontramos, a Ellos sentimos, con Ellos gozamos hasta el infinito. Han conseguido renovar nuestra fe, y acrecentarla en muchos grados. No ha habido ni un solo problema. Nos los hemos encontrado en cada rincón, en cada esquina, en cada Iglesia, en cada piedra. Nos han acompañado y han guiado nuestros pasos. Nadie lo pone en duda.

Y la petición de perdón.- Quizás me haya pasado en algún momento con alguna de mis “filípicas” o forzando algunos de los momentos de oración no previstos inicialmente. Quizás no haya estado suficientemente atento a algún problema o necesidad. Quizás me haya pasado escribiendo estas líneas. Quizás… no haya estado a la altura que las circunstancias requerían.

No pretendo pecar de humilde sino hablar con sinceridad. He intentado en todo momento que esta peregrinación sea inolvidable. Para mí os juro que lo ha sido, y a muchos años luz que la que ya hice hace diez años. Espero que también lo haya sido para todos.

Si no ha sido así lo siento una enormidad, y os lo digo con el corazón.

Desde Jerez, con ansias y hasta necesidad de volver a aquella Tierra bendita y maldita a la vez, termino estas líneas que solo han pretendido dejar constancia de las vivencias y emociones de ochenta y seis personas, de ochenta y seis hermanos que han estado pisando, sintiendo y gozando de la presencia de Cristo y de María casi de manera permanente.

Que nuestro Santo Crucifijo de la Salud siga guiando nuestras vidas. Que nuestra Madre de la Encarnación continúe cubriéndonos con su manto.

Luis

Anécdotas en Tierra Santa

Jerez de la Frontera, seis de julio de 2010

Cumplo la promesa que realicé a algunos hermanos y empiezo a contar algunas de las muchas anécdotas que nos han ido acaeciendo es nuestra peregrinación. Intentaré resumirlas lo más posible.

Los peregrinos rusos y Galicanto.- Justo al lado de la casa de Caifás donde estuvo Jesús encerrado penosamente y pegado a la Iglesia que recuerda las negaciones de Pedro, existe un camino romano que se conserva tal cual desde tiempos anteriores a Nuestro Señor.

Por esa vereda de losas y piedras anduvo Jesús al menos dos veces: cuando fue arrestado y cuando se lo llevaron para juzgarlo. Es uno de los pocos vestigios reales de aquella época.

Pues bien, han tenido que cerrarlo en toda su extensión y ya no se puede disfrutar de un recorrido precioso que se hacía, habitualmente, rezando el rosario.

¿La razón?: Los peregrinos rusos cogieron la costumbre de ir con una pequeña picola y romper trozos para llevárselos de recuerdo. ¿Qué barbaridad, no?

Las banderas de España.- Seguro que era por mor del mundial de fútbol, pero nuestra primera sorpresa al llegar a Israel fue comprobar el montón de banderas de España que cubrían ventanas o estaban izadas en mástiles, lo que nos hizo muchísima ilusión. En casi todas las ciudades que visitábamos podíamos comprobar cómo se repetía la presencia de nuestra bandera, hasta en algún coche.

Desconozco si en aquellas casas vivían descendientes de españoles o españoles, pero la realidad es que en Israel hay muchísima gente que sabe y utiliza nuestro idioma con fluidez. Incluso algún miembro de nuestra peregrinación tuvo la oportunidad de charlar con algún sefardita descendiente de españoles.

El Padre Nuestro.- Sucedió el último día. Era la despedida de nuestros guías. Estábamos en la preciosísima Iglesia románica de Santa Isabel en Jerusalén. Nuestra guía, María, de la que ya hemos hablado antes, nos dijo que nos iba a hacer un regalo…Y se puso a cantar

Con una voz suave y melodiosa, nos deleitó con el canto del Padre Nuestro… en árabe. El silencio se cortaba con un cuchillo y la emoción afloró de nuevo en algunos de nosotros.

Alguien lo grabó. Intentaremos colgar en nuestro blog ese momento porque fue realmente delicioso y creemos que merece la pena que todos lo vivamos.

La última petición.- Estábamos en el Santo Sepulcro e íbamos a empezar la Eucaristía. Un grupo de seis personas se acercó a nosotros para pedirnos permiso para acompañarnos a lo que, lógicamente, accedimos.

La Misa transmitía una sensación de recogimiento, de oración. Cuando llegó el momento de las peticiones, que, como siempre, eran realizadas por todos nosotros, uno de aquellos señores pidió en medio de sollozos:

Señor, yo te pido por mi hermana que está hecha un vegetal. Yo sufro mucho viendo como se encuentra y toda nuestra familia también. Danos fuerza para ayudarla. Danos…”

No pudo terminar porque el llanto lo rompió. Vosotros os imagináis el resto.

Los taxis y el monte Tabor.- Al monte es difícil subir por la estrechez de la carretera, por sus grandes y cerradas curvas, que impiden que ascienden los autobuses.

Se llega pues a una especie de apeadero donde aparcan los autobuses, apeadero que cuenta, como siempre, con una gran tienda, y en el que te montas en unos taxis de ocho a diez plazas conducidos por árabes con bastante malas pulgas que te suben y bajan a tanta velocidad que parece que te vas a salir en cualquiera de aquellas pendientes. Me supongo que lo harán para “acongojar” al personal.

El dueño del apeadero y “capo” de los taxistas también es un árabe con bastante mala leche.

Mientras no bajen los últimos peregrinos, el resto, evidentemente se entretiene tomando cualquier cosa o comprando en la tienda con la avidez que os suponéis. ¿Qué es lo que hacen? Dejar arriba a varias personas sin que acuda nadie a recogerlos hasta que el citado señor comprueba que ya ha vendido todo lo que tenía que vender y avisa, entonces, al último taxi para que los baje, con lo que, en nuestro caso, cinco personas estuvieron más de media hora esperando en medio del monte, y me supongo que con cierto miedo de que nos hubiéramos olvidado de ellos.

La historia, aunque demuestra la picaresca que observamos en casi todas las ciudades árabes con un importante número de turistas, tiene tanta guasa que nos pidieron que protestáramos a la embajada de Israel para que su gobierno terminara actuando y buscando soluciones alternativas.

Los cánticos del autobús número dos.- Desastrosos, lamentables, horribles. Todo lo que os diga es poco. No os digo los nombres de quienes íbamos en él por pura vergüenza.

El Ángelus del autobús número uno.- Se suponía que no podíamos llevar a Israel ni comidas, y menos de cerdo, ni bebidas alcohólicas. Pues bien, alguien, o “alguienes” no se “enteraron” de aquella recomendación.

Conclusión: cuando llegaba la hora de la comida, algunos hermanos ya venían hartitos de vino de Jerez, de jamón, de queso, de chorizo, de…

En el otro autobús nos tuvimos que confesar del pecado de envidia.

Los ortodoxos.- Que suciedad en todos los lugares que tienen bajo su custodia. Que oscuridad en todas sus capillas. Qué cantidad de mugre por todos lados. Qué barbas largas dejadas y “poco claras”. Qué sotanas con manchas. Qué cantidad de velitas ridículas oliendo malamente. Qué montón de Iconos maravillosos que casi no se ven porque hace varios siglos que nadie los limpia. Qué peseteros.

Qué contraste con la limpieza y pulcritud de los lugares custodiados por la Iglesia católica.

Los partidos de España.- Vivimos dos, con Portugal en Tiberias y con Paraguay en Jerusalén. A destacar:

• En Tiberias coincidimos con un gran grupo de portugueses. Los dueños del hotel nos habían preparado un gran salón con sillas. ¡Un jamón! Los portugueses se metieron en el salón, nosotros, absolutamente todos, en el bar como es lógico que es donde nos servían cubatas, o lo que fuera. Movimos butacas, sillas, sillones, y dejamos aquello que no lo conocía nadie, pero disfrutamos como enanos.

Por cierto, vamos a contratar a nuestras peregrinas para animar a nuestro Xerez Club Deportivo. No os podéis imaginar lo que son capaces de hacer y cantar.

• En Jerusalén, había terminado el Sabbat y teníamos como vecinos a un grupo de judíos con sus sombreritos, quipás, etc. Todos serios, todos con esa carita de tristeza que llevan que parece que no se han reído en la vida, todos más blancos que el ajo.

Volvimos a poner el bar patas arriba y montamos tal follón que conseguimos que se rieran hasta los judíos además de, por supuesto, acabar con las reservas alcohólicas del hotel.

Mañana seguiremos con los recuerdos.

Un abrazo a todos, Luis

jueves 8 de julio de 2010

TIERRA SANTA, Jerez de la Frontera, seis de julio de 2010

Llegamos anoche aproximadamente a las dos de la madrugada. Enormemente cansados, pero inmensamente felices.

Con unas maletas repletas de regalos y con el corazón rebosante de recuerdos, llegamos a casa.

Nuestro encuentro en la Plaza de Rafael Rivero con mi buen amigo Andrés Cañadas a esa hora de la noche me demuestra que estamos de nuevo en nuestra ciudad. Hemos vuelto a Jerez, y todos bien, gracias a Dios.

Del día de ayer, cinco de julio, poco hay que contar. Como dije en la última crónica muchos de nosotros nos levantamos otra vez a las seis de la mañana (cinco de la madrugada en España) para asistir a la Eucaristía de los franciscanos en el Santo Sepulcro.

Una Misa preciosa, cantada por la comunidad franciscana con el sonido impresionante del órgano, y además en español porque uno de los sacerdotes que presidía parece que es el director espiritual de un grupo grande de sudamericanos, y que hizo una homilía corta, pero preciosa también.

No pudimos entrar en el Santo Sepulcro porque hasta las nueve no están permitidas las visitas, pero si pudimos subir al Gólgota. Ahora no había Pope alguno que nos fastidiara (por lo visto madrugan bastante poco), ahora teníamos tiempo para disfrutarlo, y así lo hicimos.

No sabéis ni podéis imaginaros lo que se siente arrodillados sobre el lugar que ocupó Cristo clavado en la Cruz, y yo no lo voy a calificar, simplemente porque no puedo.

La vuelta al hotel por las calles angostas y llenas de vida de Jerusalén fue una mezcla de gozada y sufrimiento. Gozada porque parece que andamos por calles de la edad media: estrecheces, puertas medievales, calles completamente cubiertas; y sufrimiento por la suciedad, la mugre, y hasta porquería que tienen las calles del barrio árabe.

Al aeropuerto: Vaya tela de controles. Estaba claro que no habíamos visto apenas soldados ni sufrido problema alguno de seguridad en los siete días del viaje, porque… todos estaban allí. Hasta cuatro controles tuvimos que pasar. ¡Qué paliza!



A mí, por ejemplo, me hicieron tener una maleta abierta más de veinte minutos por que parece que en el escáner se veía algo. No era la plancha de viaje, ni el pequeño secador, ni el tensiómetro. Eran unas zapatillas de material que revisaron casi milimétricamente.

Menos mal que nuestro hermano Jaime habla un inglés correctísimo y explicó que las había adquirido en Jerez y eran de uso personal, que si no me destrozan las zapatillas para ver si había algo en su interior.

A nuestro amigo Paco Farach lo tuvieron 20 minutos haciéndole preguntas porque, por lo visto, su apellido suena a musulmán.

A nuestro antiguo capataz José María González se lo llevaron a otro sitio para cachearlo con gran disgusto de su hija que estuvo a punto de sufrir un “soponcio”. La verdad es que no nos extrañó aquello por la cara de “moro” que tiene José María.

Sin embargo, se supone que no se pueden meter botellas con líquido en el aeropuerto, y yo pasé por los cuatro controles una botella de agua en una bolsa de viaje sin que nadie dijera nada. ¿Alguien lo entiende?

Pero todo acabó en anécdotas de las que nos acordaremos algún día y servirán para que nos riamos.

Y hablando de anécdotas, me sugirieron algunos peregrinos que añadiera a estas crónicas algunas de las muchas que hemos vivido en Tierra Santa. La verdad es que en un grupo de 86 personas, durante ocho días y en una nación tan compleja como Israel, surgen un montón de circunstancias graciosas, simpáticas, emotivas y de todo tipo.

Iremos, pues, añadiendo a estas crónicas, y en los próximos días, algunas “croniquillas” de momentos felices y alegres para que queden perecederamente en nuestra memoria.

Pero eso será mañana. Hoy me voy a San Miguel que tenemos mucho que agradecer a nuestro Santo Crucifijo y mucho que hablar con nuestra bendita y preciosa Madre de la Encarnación.

Desde Jerez, hasta mañana. Un abrazo a todos, Luis

martes 6 de julio de 2010

JERUSALEM. DOMINGO CUATRO DE JULIO DE 2010

Hoy cerrábamos la peregrinación. Tocaba de nuevo madrugar, porque a las ocho teníamos que estar en la puerta de Herodes de la muralla de Jerusalem (cuatro kilómetros de perímetro) para acercarnos caminando por las callejuelas del barrio árabe hasta el lugar de inicio del Vía - Crucis.

En la misma puerta de la muralla, y antes de entrar, el Padre Felipe bendijo el sencillo Crucificado que hemos comprado en Belén para que presidiera este Vía - Crucis. Crucificado que quedara en la hermandad como recuerdo y memoria de esta primera peregrinación a Tierra Santa.

Como explicar que se siente caminando tras la Cruz por unas calles estrechas, con tramos en cuesta y largos escalones, entre bazares árabes que empiezan a abrir, teniendo que pegarnos a la pared a veces para poder dejar transitar a una moto, a un coche o, incluso, a un pequeño tractor que recoge la basura.

Nada que se parezca a lo que vivimos, porque al paso de personas que rezaban o cantaban cuando nos escuchaban con respeto, a los ortodoxos que se persignaron, a los árabes que, respetuosos, callaban a nuestro paso, se unía a veces el sonido de un coche con la música altísima, los gritos de alguien llamando a otra persona y hasta los que se metían en el centro de nuestro grupo intentando vender cualquier cosa, desde agua hasta frutas.

Todo es diferente: los fuertes olores a especias, propios de un zoco, los sonidos desconocidos, calles de piedra por todos lados que en nada se parecen a las nuestras, suciedad a raudales. Es probable, muy probable, que así fuera el camino de Jesús con la cruz a cuesta camino del Gólgota.

Fuimos rezando, cantando, meditando, gozando cada paso, cada centímetro. Cada pocos segundos cambiaba el portador de la cruz que, junto a nuestros dos sacerdotes, caminaba delante de todos nosotros abriéndonos el camino, como señal del que teníamos, tenemos, que continuar.

Llegamos a la plaza que da acceso a la puerta de la Iglesia del Santo Sepulcro. Íbamos cantando perdona a tu pueblo y...
nos mandaron callar: en la plaza y en todos los lugares donde aparezca un Pope ortodoxo, están prohibidos los cantos, especialmente para los católicos.

Subimos al Gólgota. Sí, subimos, así como suena, por una escalera que ocupa el lugar exacto por el que se accedía a la gran piedra de la calavera que, en medio de una cantera abandonada, frente a una de las puertas de la muralla antigua, y frente a un cruce de caminos por su exterior, servía para los ajusticiamientos ejemplarizantes.

De este camino no cabe duda, como no lo cabe del lugar de la crucifixión, y como no lo cabe del lugar de la tumba.

Aun impresionados por el lugar en el que estábamos, quedamos aun mas atónitos cuando un Pope nos impidió rezar en voz alta con bastante malos modales y poca educación. Pese a ello lo hicimos. Pese a él nos arrodillamos uno a uno bajo el altar en el que está el boquete de la cruz, pese a todo, nos emocionamos hasta el infinito sintiendo tan cerca la presencia del Señor.

Y... a la cola, enorme cola, para poder acceder al Santo Sepulcro. Pero la espera (una media hora) mereció la pena porque pudimos darnos cuenta de hasta dónde pueden llegar los pecados de nuestras Iglesias. Y si no es así juzguen ustedes mismos:

Imagínense que están ustedes intentando concentrarse en el momento mágico que van a vivir. Nada más y nada menos que acceder al lugar en el que estuvo enterrado nuestro Señor. Frente al Santo Sepulcro, y en una especie de Iglesia interior de grandes proporciones el Patriarca Ortodoxo oficia la Función solemne de cada domingo: cantos altísimos, liturgia espectacular, incienso a raudales, etc. Asisten un montón de sacerdotes ortodoxos y monjas (todos de negro riguroso, y los oficiantes con unos ropajes impresionantes, tanto, que baste decir que la capa del patriarca tiene que ser llevada por cuatro personas), pero poquísimos fieles (conté doce personas).

A la vez, y justo detrás del Santo Sepulcro y en un pequeña Capilla el patriarca Copto oficia también su solemne función dominical: Salmodia contenida en un tono de voz que suena a arameo antiguo, movimientos de los sacerdotes que ofician (todos de blanco) y de los acólitos o como se llamen. Ropajes preciosos pero más pobres, pero que incluye que el oficiante va revestido desde los zapatos hasta la cabeza. Asisten un grupo pequeño de personas mayores, diez o doce, y por lo menos quince o veinte pequeños. Todos comulgan un trozo de pan, incluso a los recién nacidos les meten en la boca un trocito. Todos cuando comulgan se ponen un pañuelo bordado en la boca, que me supongo que será especialmente dedicado para este menester.

A la vez también, y justo detrás del muro de los coptos, oficia el Patriarca Ortodoxo sirio. Aquí van todos de negro y cubiertos con un capuz en punta, ropajes aun más vistosos (rojo fuerte), canto de un lector de manera permanente mientras se oficia sea cual sea el momento de la función y aun cuando el oficiante esté también hablando. Asisten seis o siete personas.

Pero faltaba lo mejor: Unos golpes fortísimos llegan desde la puerta principal. Una larga comitiva, precedida por dos pertigueros que van golpeando con fuerza y rabia cada paso que dan, inicia su entrada en el Templo. Da igual que todos recen y canten, da igual quien esté en la cola esperando: ha llegado el patriarca Armenio que viene a presidir también su función en la Capilla de Santa Elena y hay que hacerse notar. Le colocan una alfombra para que pueda besar la piedra de la entrada. La procesión continúa con la misma estridencia hasta llegar a su capilla, donde, otro más, empieza a escucharse otro nuevo canto fuerte y continuado.

Un lio impresionante y casi aterrador a nuestros ojos porque asistimos atónitos a una especie de guerra entre Iglesias cristianas de la que, gracias a Dios nuestra Iglesia católica se ha desligado (la función de los franciscanos es a la seis de la mañana para que no exista problema alguno con nadie).

Pese a ello los momentos son emocionantes y emotivos. Entramos de cuatro en cuatro en el Santo Sepulcro. Hay que casi arrodillarse para poder entrar. Te permiten estar dentro escasos segundos. Pero sabe Dios que solo por esos pocos segundos vale la pena cualquier esfuerzo, cualquier sacrificio. Que grande esto Dios mío.

Misa en una capilla de los franciscanos. Cerramos su puerta enorme, con lo que nos aislamos del lio exterior. Misa maravillosa, cantos con sentimiento, de nuevo emoción, de nuevo emotividad, de nuevo...

Se ha acabado la peregrinación. Hemos celebrado la Misa de Pascua. El Señor ha resucitado en nuestros corazones desde esta Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalem.

Todo se ha acabado, porque lo que viene después es un poco de turismo por el barrio judío, la visita al muro de las lamentaciones y la despedida de María en la preciosa Iglesia románica junto a la piscina probática que recuerda el lugar de su nacimiento.

Algunos, después, se fueron al Vía - Crucis que organizan los franciscanos a las cinco de la tarde y del que os hablaré en el epílogo que hagamos de esta peregrinación, pero ya en Jerez. Otros se fueron a descansar que estamos reventados de tanto andar, de tanto calor, de tantas emociones. Otros se fueron de compras o a dar una vuelta.

Mañana casi todos vamos a volver a madrugar para salir a las siete del hotel y asistir a la Misa del Santo Sepulcro a las siete y media. Sera nuestra despedida. Intentaremos repetir de nuevo la visita al interior del sepulcro. Que más podemos pedir.

Por la tarde volvemos, y de madrugada de nuevo en nuestra tierra de Jerez a la que tanto queremos.

Haremos, como he dicho antes, un resumen de esta peregrinación. Explicaremos más detalladamente algunos de sus momentos. Pero ahora, en este momento, me acuerdo de mi hermano Lete que hizo este mismo viaje conmigo hace diez años. Lete decía que ojala le saliera un trabajo que le permitiera volver a tierra Santa una semana cada mes.

Todos los que estamos aquí pensamos lo mismo. Esto es un lio, un desastre a veces, totalmente distinto a lo que conocemos, calor enorme, torre de babel de personas, de religiones, de creencias, de formas de vida.

Pero pese a ello, aquí, amigos, esta Dios. No nos cabe la menor duda.

Hasta dentro de unas horas, un abrazo fuerte a todos. Luis


Se acabó. Esta mañana en la Basílica del Santo Sepulcro dimos por concluida la peregrinación.